Hace sesenta años, el Dr. Martin Luther King Jr. contribuyó a cambiar el país al denunciar las injusticias raciales que sufrían los afroamericanos, casi un siglo después del fin de la esclavitud y de la Guerra Civil estadounidense. Hoy en día, todos los niños que crecen en Estados Unidos conocen el nombre del Dr. Martin Luther King Jr. y saben de su famoso discurso pronunciado el 28 de agosto de 1963 en las escaleras del Monumento a Lincoln, en el National Mall.
King fue uno de los principales defensores de la igualdad, impulsando la idea de que todas las personas, independientemente de su origen, merecían los mismos derechos y privilegios.
Trabajó intensamente en la Ley de Derechos Civiles de 1964, que prohibía la discriminación en el ámbito laboral y en los lugares públicos por motivos de «raza, color, religión u origen nacional». Su labor inspiraría la promulgación del Decreto Ejecutivo 12898 en 1994, que ordenaba a «los organismos federales que incluyeran el logro de la justicia medioambiental como parte de su misión».
La orden fue la primera medida federal significativa en materia de justicia ambiental y ordenaba a los organismos identificar y abordar, según procediera, los efectos extremadamente graves y perjudiciales para la salud humana y el medio ambiente que sus programas, políticas y actividades tenían sobre las comunidades afroamericanas y las poblaciones de bajos ingresos.
Sin embargo, aunque desde aquel fatídico día de verano se han dado grandes pasos hacia una sociedad mejor y más equitativa, aún queda mucho por hacer.
Hoy en día, la lucha no es tan descaradamente abierta como lo fue durante la era de los derechos civiles. En cambio, es más sutil, aunque no menos perjudicial que en los años cincuenta y sesenta. Nuestro reto ya no es un conflicto abierto contra una segregación evidente, sino una lucha contra el cambio climático y las consecuencias indirectas que este tiene para las comunidades de color y las comunidades desfavorecidas.
Según el Servicio Oceanográfico Nacional, «el nivel del mar está subiendo a un ritmo cada vez mayor». En Georgia, para el año 2050, se prevé que el aumento medio del nivel del mar oscile entre 18 y 53 centímetros en los alrededores de Fort Pulaski. Puede que esto no parezca significativo o importante, especialmente para las personas que viven lejos de la costa, pero el cambio climático no se limita al aumento del nivel del mar. Otros efectos perjudiciales incluirán tormentas más fuertes y destructivas, olas de calor cada vez más intensas, sequías y mucho más.
¿Y quiénes serán los más vulnerables, ya sea directa o indirectamente? En la mayoría de los casos, serán las comunidades de minorías étnicas y los barrios desfavorecidos. Los barrios desfavorecidos y las comunidades de minorías étnicas suelen ser los más afectados por las catástrofes naturales y suelen disponer de menos recursos para recuperarse. Además, esto no tiene en cuenta las amenazas a las que se enfrentan las comunidades cuando se produce un proceso de gentrificación.
En el barrio de Little Haiti, en Miami, los residentes negros con bajos ingresos se ven obligados a abandonar sus hogares debido al aumento del coste de la vida provocado por la gentrificación. Una serie de condiciones especiales, entre ellas la elevada altitud y la proximidad al centro de Miami, han atraído la atención de especuladores y promotores inmobiliarios hacia esta zona de la ciudad que antes era ignorada. Como consecuencia, las familias que llevan décadas viviendo en Little Haiti se ven obligadas a abandonar sus hogares debido al aumento del coste de la vida.
En Juliette, una pequeña localidad del centro de Georgia, las cenizas de carbón son el legado que se ha heredado de una central eléctrica de carbón construida por Georgia Power. Si bien los beneficios económicos de la central son innegables, lo cierto es que su impacto va más allá de lo meramente económico. Hoy en día, los habitantes de Juliette se enfrentan a la innegable realidad de que su agua ya no es apta para el consumo; un legado tóxico dejado por décadas de quema de carbón y vertido de cenizas en estanques sin revestimiento.
Queda mucho por hacer
En sus «Cartas desde la cárcel de Birmingham», el Dr. King dijo: «La injusticia en cualquier lugar es una amenaza para la justicia en todas partes». Por muy incómodo que resulte aceptar que el sueño del Dr. King de un mundo igualitario aún no se ha hecho realidad, es fundamental que lo hagamos si queremos lograr un cambio duradero. Las consecuencias del cambio climático afectarán con mayor dureza a las comunidades menos preparadas para soportarlas. Si decidimos ignorar estas advertencias y consideramos que el daño a los pobres y a las comunidades de color es un riesgo aceptable, ponemos en peligro la igualdad y la justicia en todos los barrios.
La esposa del Dr. King, también líder del movimiento por los derechos civiles, afirmó en una famosa frase: «La lucha es un proceso sin fin. La libertad nunca se conquista de verdad; hay que ganársela y conquistarla en cada generación». El Dr. King soñaba con una sociedad en la que las personas se preocuparan unas por otras y se apoyaran mutuamente, independientemente de su origen. En aquel momento, se dirigió a Estados Unidos para hablar de la igualdad racial y económica y del fin de la segregación. Hoy en día, creemos que el mensaje del Dr. King incluiría cuestiones medioambientales y climáticas, para proteger a las personas con bajos ingresos y a las comunidades de color, los sectores más vulnerables de la sociedad, y para garantizar que las generaciones futuras hereden un mundo y una sociedad más limpios, más solidarios y más justos.
Fuentes
https://oceanservice.noaa.gov/facts/sealevel.html
https://sealevelrise.org/states/georgia/
https://www.wlrn.org/post/seas-rise-miami-s-black-communities-fear-displacement-high-ground#stream/0
https://www.fema.gov/executive-order-12898-environmental-justice-low-income-minority-populations-1994
